Conocer el alma del paciente para curar su cuerpo
Martes, Julio 07, 2026
Cada 12 de julio se celebra en Argentina el Día Nacional de la Medicina Social, en conmemoración a la fecha de nacimiento de nuestro querido René Favaloro. Por eso, además de destacar su inmenso aporte a la ciencia (especialmente por el desarrollo del bypass coronario), queremos aprovechar esta fecha y los tiempos que corren para a destacar su fuerte compromiso ético con la salud pública e igualitaria.
Quizás la etapa menos conocida de la vida del Dr. Favaloro sea su juventud, momento en el que sus primeras experiencias sirvieron para forjar su carácter, la determinación en el trabajo y las convicciones que lo convertirían en el profesional destacado y el gran ser humano que sigue representando a muchas personas.
René Favaloro nació en 1923 y ya para 1950 había completado la carrera de medicina y realizado su residencia en la ciudad de La Plata. Para ese entonces, recibió una carta de su tío desde Jacinto Aráuz, un pequeño pueblo de 3.500 habitantes en la zona desértica de La Pampa. El texto explicaba que el único médico que atendía la población, el doctor Dardo Rachou Vega, estaba enfermo y necesitaba viajar a Buenos Aires para su tratamiento. El tío le pedía a su sobrino que reemplazara al médico del pueblo, aunque más no fuera por dos o tres meses. Aunque la decisión no fue fácil, finalmente el joven René Favaloro aceptó acudir al llamado.
Favaloro llegó a Jacinto Aráuz en mayo de 1950 y rápidamente trabó amistad con el doctor Rachou Vega. La enfermedad del médico resultó ser un cáncer de pulmón y provocaría su fallecimiento unos meses más tarde. Para entonces, Favaloro ya se había hecho parte de aquella comunidad apartada, donde la mayoría de los pobladores se dedicaba al trabajo rural. Allí la vida era dura. Los caminos se volvían intransitables los días de lluvia y el calor, el viento y la arenisca eran insoportables en verano, tanto como el frío de las noches de invierno no perdonaba ni al cuerpo más resistente. Pero nada de esto impidió que Favaloro se interesara la salud y el espíritu de cada uno de sus pacientes. De esa forma pudo llegar a conocer la causa profunda de sus padecimientos.
Al poco tiempo se sumó a la clínica su hermano, Juan José, médico también. Se integró muy pronto a la comunidad por su carácter afable, su gran capacidad de trabajo y dedicación a sus pacientes. Juntos pudieron compartir la labor e intercambiar opiniones sobre los casos más complicados. Durante los años que ambos permanecieron en Jacinto Aráuz crearon un centro asistencial y elevaron el nivel social y educacional de la región. Asumieron como una obligación el desafío de mitigar la miseria que los rodeaba.
Con la ayuda de los maestros, los representantes de las iglesias, los empleados de comercio y las mujeres, de a poco impulsaron un cambio cultural en la comunidad. Así, lograron reducir la mortalidad infantil de la zona hasta casi su erradicación, redujeron las infecciones en los partos y la desnutrición, organizaron un banco de sangre con donantes que estaban disponibles cada vez que los necesitaban y realizaron charlas comunitarias en las que brindaban pautas para el cuidado de la salud.
El centro asistencial creció y cobró notoriedad en la zona. En alguna oportunidad Favaloro reflexionó sobre las razones de ese éxito, reconociendo que habían procedido con honestidad y con la convicción de que el acto médico “debe estar rodeado de dignidad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento” de acuerdo con la formación profesional y humanística que habían recibido en la Universidad Nacional de La Plata.
El resto de la historia es conocida.
Hoy
En estos tiempos que corren, nos resulta relevante analizar los datos que reflejan en la actualidad las intervenciones y las omisiones en las políticas públicas respecto a decisiones que infieren directamente en la situación sanitaria de la población. Basándonos en los pilares que Favaloro estableció para construir comunidades saludables y colocar a la prevención como objetivo principal, hoy nos encontramos con estadísticas alarmantes.
Según la información publicada por la Dirección de Estadística e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, durante el año 2024 se observó un incremento en la tasa de mortalidad infantil de 0,5 puntos respecto a 2023, lo que equivale a un aumento del 6,25%. En 2023 la tasa de mortalidad infantil para nuestro país fue de 8/1.000, mientras que en 2024 asciende a 8,5/1.000 nacimientos. De este modo, en 2024 se dio el mayor aumento de la tasa de mortalidad infantil desde 2002 (ver gráfico 1).
Además Argentina registró la mayor caída en la segunda dosis de la vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas (triple viral): pasó de 96% en 2014 a 46% en 2024, el nivel más bajo entre los países comparados de América Latina (ver gráfico 2).
La medicina social en nuestro Hospital
El Hospital de la Baxada desde su fundación tiene como Misión brindar salud pública de calidad a toda la comunidad. Para lograrlo, todos nuestros trabajadores generan un gran compromiso con la atención al paciente. Y fundamentalmente nos rigen los Valores de la igualdad y respeto por la dignidad de las personas. A esto le sumamos el gran desafío incorporándonos a una Unidad de Conocimiento Traslacional Hospitalaria junto con el CONICET y la FIUNER para que la formación profesional y la dedicación a la investigación esté al servicio de los pacientes y de todos los entrerrianos.
Por último, queríamos mencionar un libro de su autoría, “Don Pedro y la educación”, publicado por el Centro Editor de la Fundación Favaloro en el año 1994, en el que Favaloro nos recuerda que el cambio de rumbo sólo puede lograrse a través de la educación en todos sus niveles y poblaciones y que para esto ocurra, es necesario que converjan los principales objetivos:
• Consolidación de los principios éticos del hombre
• Profundización de la democracia
• Construcción de la identidad nacional y unidad latinoamericana
• Generalización de la justicia social
• Transformación económica con elevación de los índices de productividad y mayor equidad distributiva.
Alejandra Alanis